Diversas voces de economistas planteaban la posibilidad encubierta de que el gobierno Trump estuviera provocando intencionadamente un shock a corto plazo para provocar una caída de tipos en los diferentes plazos de deuda, y de esta forma refinanciar en mejores condiciones los millones de deuda que vencen este año.
Pero la realidad es tozuda, y si esto entraba en los planes de Trump se está torciendo, puesto que los tipos o rentabilidades de los bonos del Tesoro Estadounidense es están disparando en los últimos días. El rendimiento de los bonos a 10 años cotiza en estos momentos a 4,38%, cuando el pasado viernes marcó un mínimo de 3,86%. Una subida de más de 50 puntos básicos nada desdeñable que pone en cuestión también al mercado más importante del mundo.
Hay un factor clave en todo este asunto, y es que el mercado considera los aranceles como inflacionarios, lo que es mortal para los bonos, y quizás todo este embrollo empiece a cuestionar al dólar como reserva del mundo, lo que a su vez podría provocar menos demanda de bonos, y por ende mayores rentabilidades.
El dólar para seguir manteniendo su status de reserva mundial necesita de la estabilidad de la economía estadounidense, de su liquidez, de la confianza en sus instituciones, de la confianza en el propio gobierno y en la Reserva Federal (hasta ahora parece que se ha quitado del medio), y del uso del dólar en el comercio global….
¿El dólar como reserva mundial?
A día de hoy no parece haber alternativa al dólar como líder mundial, pero una situación de incertidumbre sostenida en el tiempo a buen seguro que erosionará la confianza en el dólar y en la economía estadounidense. Podrían llevarse a cabo negociaciones paralelas de comercio internacional entre bloques económicos dejando al margen a EEUU que aceleraría la desdolarización. Si los aranceles derivan en tensiones comerciales sostenidas o en menor previsibilidad económica, los inversores internacionales podrían reducir sus inversiones en EEUU, en su deuda, y reducir su exposición al dólar.
A corto plazo no es probable que el dólar pierda su trono, pero sí que puede acelerar un cambio gradual, especialmente si se combina con una política fiscal inestable, polarización interna en EEUU y se fortalecen otros bloques regionales.
Parece que algo se ha roto en el mercado de deuda del Tesoro estadounidense, y eso puede ser más importante que las propias caídas de la bolsa. Habrá que vigilar su evolución.




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