Los mercados financieros atraviesan una fase de incertidumbre estructural. Durante más de una década, los inversores han contado con el respaldo implícito de la Reserva Federal ante cualquier señal de debilidad. El famoso «Put de la Fed» —la idea de que la autoridad monetaria intervendría en caso de caídas pronunciadas— ha sido un pilar psicológico del de las bolsas ante cualquier crisis desde la gran crisis financiera de 2008. Ese paradigma, sin embargo, parece estar desdibujándose o al menos cuestionándose seriamente.

Jerome Powell ha emitido recientemente declaraciones que han sembrado inquietud. El presidente de la Fed se ha mostrado especialmente preocupado por las presiones inflacionarias que podría generar una eventual vuelta de políticas arancelarias bajo un segundo mandato de Donald Trump. El retorno del proteccionismo encarecería las importaciones y elevaría la inflación estructural, obligando a la Fed a mantener una postura más contenida, quizás incluso pasiva. El mensaje implícito es claro: por ahora, la Reserva Federal optará por la cautela antes que por rescatar a los mercados.

Pero el contexto político complica aún más el panorama. Trump ha sugerido abiertamente que Jerome Powell debería dimitir o incluso ser destituido, insinuación que pone en tela de juicio la independencia institucional de la Fed. Este tipo de declaraciones no solo aumentan la presión sobre el banco central, sino que generan desconfianza entre inversores que tradicionalmente han visto en la Fed un contrapeso técnico al poder político. La posibilidad de que las decisiones de política monetaria estén influidas por los intereses del gobierno de turno es, en sí misma, una fuente de inestabilidad, máxime cuando hacen publica abiertamente su confrontación, al menos por la parte de Trump. Todos sabemos que realmente la independencia de la FED no es tal, pero si es nuevo que confronten abiertamente de esta forma. A eso los mercados no están acostumbrados y la incertidumbre escala.

En paralelo, voces influyentes como la de Scott Bessent —Secretario del Tesoro y ex CIO de Soros Fund Management— han señalado que esta es la era de Main Street, no de Wall Street. Las prioridades del ciclo político y económico se están desplazando hacia la economía real: relocalización industrial, empleo doméstico, inversión pública. La narrativa ya no gira en torno a sostener las valoraciones bursátiles, sino a garantizar estabilidad social e independencia estratégica.

Ahora bien, ese nuevo equilibrio es frágil. Si los rendimientos del bono estadounidense a 10 años superan con claridad el 4,5%, se abriría un frente crítico. Una subida desordenada de los tipos largos tensionaría el coste de financiación del Tesoro, la sostenibilidad de la deuda pública y el funcionamiento de los mercados de crédito. En ese caso, la Fed podría verse forzada a intervenir pese a su retórica dura, simplemente porque la realidad fiscal se lo impone.

Pero el comodín más impredecible podría no estar en manos de la Fed, sino en las de Trump. No sería descabellado que, en un intento por frenar la inestabilidad o estimular la actividad económica y apuntarse un tanto para apuntalar su famoso eslogan del Make America Great Again, el presidente propusiera un paquete de estímulo fiscal agresivo mediante recortes impositivos. Esta medida, clásica en su manual político, proporcionaría un estímulo inmediato a hogares y empresas, impulsando la demanda interna… aunque al precio de agravar el déficit presupuestario y añadir presión inflacionaria. Sería, en efecto, gasolina sobre un fuego que la Fed intenta contener.

Las implicaciones para los mercados son complejas: menor respaldo monetario, mayor protagonismo del riesgo fiscal, y una geopolítica comercial potencialmente desestabilizadora. En este entorno, el inversor ya no puede confiar en las viejas reglas del juego. El nuevo ciclo exige asumir que la intervención de los bancos centrales podría no llegar —y que, si lo hace, será por razones mucho más caóticas que ordenadas.

Habrá que ver si todo esto queda en un juego de faroles dentro de amplias negociaciones, pero la realidad es que, entre farol y farol, las bolsas se están descapitalizando, y el riesgo de que el marco estructural de las bolsas esté cambiando es real. Por tanto, del mismo modo que la Fed manifiesta una posición de Wait and See, los inversores creo que debemos hacer un poco lo mismo, controlando el riesgo y siendo conscientes de que tener liquidez en estos momentos puede ser un gran activo. Veremos si todo queda en un juego de “niños”….

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